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Soy de Móstoles

 

La venganza de una escritora novísima

Joven tímida, apocada y romántica se transforma en una mujer fría, vengativa y homicida… en la literatura. A María del Mar Moreno Hoyas, de 24 años, le encantan las historias de amor, pero su primera novela respira odio, represalia y muerte. Lo curioso es que María del Mar, una joven pacífica y risueña, dice que “Aruka” es un libro autobiográfico. “En el instituto había gente que se metía conmigo y como yo no tenía valor para enfrentarme pues creé un personaje sin miedo, calculador, frío”. Había nacido una asesina impar, perversa como un vampiro y rencorosa como un adolescente.

“Aruka” tuvo un parto paradójico, en el instituto, entre apuntes de inglés, filosofía, arte. “El personaje tomó forma mientras estudiaba bachillerato; mi mejor amiga y yo nos contábamos historias con amores platónicos. El suyo era un nadador. El mío, un actor. El chico de cada una era sólo suyo. Pero un día se me ocurrió un personaje que le pudiera arrebatar a su chico, una mujer que fuera perfecta y no tuviera miedo”, explica María del Mar, que ahora tiene 24 años, trabaja de teleoperadora y cuyas únicas cuentas pendientes hoy con el instituto son tres asignaturas que arrinconó por incompatibilidad con un trabajo ineludible, de camarera. “Aquel personaje sin temor era yo, bueno un alter ego mucho más perverso y con el valor que yo no tenía”. Aruka era la venganza de papel de una estudiante. En vez de tomar apuntes, María del Mar concebía a la asesina. Cuando tenía unas pocas páginas listas se las pasaba a su amiga, que las leía con devoción. Aruka era seductora y conseguía todo lo que deseaba. Lo publicado en la actualidad tiene un estilo mucho más trabajado que el de entonces, pero el embrión, el empuje de la historia, es el del instituto, el de las historias por entregas que iban leyendo las amigas y que incitaban a la autora a continuar. “Tienes que terminarla, me decía mi mejor amiga, Natalia”. Ese nombre es capital en la novela.

 

“Gente real”, tortura y vampiros

“Todos los personajes están basados en gente real, pero he cambiado los nombres”, admite la novelista. Natalia y María del Mar dejaron de ser amigas, pero en el epílogo del libro deja constancia de que “Aruka” existe por el impulso de aquella compañera. “La avisé de que me iban a publicar el libro, pero no recibí respuesta”. La novela tuvo una primera vida en internet, en una editorial que se dedica a la autoedición electrónica. Hasta que hace unos meses alguien le sugirió el nombre de la Editorial Atlantis como opción impresa y María del Mar probó fortuna. “Envié una carta de presentación y el manuscrito, como había hecho con otras muchas editoriales antes. Me contestaron que lo publicaban”. De momento la autora tiene 100 copias (se puede solicitar por correo a alezeiamaria@gmail.com) y calcula que en noviembre estará el resto de la tirada en las librerías más potentes de la Comunidad de Madrid, como la Casa del Libro. En la portada hay un arma y un mapa de sangre. “La pistola aparece sólo en una escena, porque Aruka prefiere otros instrumentos de tortura”, ríe la novelista, que ya tiene en mente la segunda y tercera parte de lo que apunta a saga.

 

Bloqueos y sueños

María del Mar intenta escribir a diario, por las tardes, al arrullo de la televisión y por las noches, “no de madrugada, a partir de las diez o así”. “A veces me bloqueo y tengo que hacer pausas que se me han llegado a alargar hasta dos meses…”. Por cierto, que la autora no se ha inspirado en la novela negra; de hecho confiesa que es un género del que no ha leído ni un solo libro. Sus musas provienen más bien de las crónicas vampíricas; “pero no de Crepúsculo, que no soy fan de esa saga, eh, porque no me gusta cómo tratan el tema de los vampiros”, aclara. Entre teleoperaciones, asignaturas recuperadas y no-muertos, María del Mar sueña con publicar “en una editorial grande como Alfaguara” y con titularse en Filología Hispánica.

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Oportunidad

 

El mejor investigador joven es de Móstoles

Un mostoleño representará a España en la próxima gran competición de jóvenes científicos, en Helsinki. Miguel Gómez Garrido, de 18 años, acudirá como triunfador del último Certamen de Jóvenes Investigadores con un trabajo sobre estrellas dobles, esos sistemas de estrellas enlazadas a los que dedicó cada minuto libre del último curso en el instituto Ana Ozores. El Ministerio de Educación y el Instituto de la Juventud le han premiado con 6.000 euros y dos semanas de estancia en un centro del CSIC para que continúe con la investigación.

La astronomía atrapó a Miguel en la infancia: en casa había un telescopio y en compañía de su padre hizo las primeras observaciones. Luego, en el instituto, tuvo la suerte de cruzarse con Gregorio Rosa, uno de esos maestros capaces de ilusionar(se). Fue este profesor quien animó el año pasado a Miguel a hacer “un trabajillo innovador” para el Certamen de Jóvenes Investigadores, a través del grupo de astronomía del instituto Ana Ozores (rebautizado Octavio Paz, por la reciente fusión). Cambiaron el Júpiter de la convocatoria anterior por los sistemas estelares dobles y se embarcaron en el estudio de esas estrellas especialmente cercanas entre sí, como Albireo.

Con las directrices del profesor, Miguel dedicó cientos de horas al trabajo durante el curso. “Todos los días como mínimo desde las 15.00 a las 17.00 y, cuando no tenía deberes, toda la tarde”. Para fotografiar los sistemas estelares consiguieron el telescopio de Bonilla (Cuenca) y eligieron un fin de semana propicio para la observación: despejado, sin luna y con las estrellas en el cielo. “Nos alejamos de Madrid porque aquí hay demasiada luz”, argumenta. Y quedaba el remate del proceso, la redacción. “Fue casi lo más duro, una semana mortal, justo antes de la selectividad”. El fruto, el mejor trabajo de investigación de los alumnos de bachillerato en toda España, mereció el esfuerzo. ¿Lo esperabas? “Goyo me decía que era un buen trabajo y que no se había hecho nunca, y siempre que te presentas a un concurso es para ganar”, comenta.

Carrera, viaje y astrofísica

No ha recibido todavía los 6.000 euros del premio; “¿que si están bien? Están mejor que bien”, sonríe, y dice que los dedicará a pagarse la carrera o a algún viaje. Aunque esperará a unas vacaciones en la universidad, ya tiene decidido el centro del Consejo Superior de Investigaciones Sociológicas (CSIC) en el que proseguirá con su trabajo, el Observatorio de Calar Alto, en Almería. “Estuve el año pasado de visita por otro concurso y me enamoró; tiene un telescopio impresionante y me servirá para ampliar mi trabajo”, afirma. Por ahora bastante tiene con asimilar el aterrizaje desconcertante en la Universidad Complutense, facultad de Física, donde aspira a formarse como astrofísico. “Todo parece muy difícil”, comenta, todavía con las sensaciones del recién llegado. Seguirá con las observaciones astronómicas los fines de semana que pueda, en Cuenca o en Ávila, con su padre. Sabe que en la universidad hay un grupo de aficionados, pero aún no ha tenido tiempo de informarse. A estas alturas a Miguel no le sorprende que esta afición sea minoritaria entre los  jóvenes. “La astronomía es muy poco conocida, ¡queda tanto por descubrir!”. A él le apasiona “poder ver que hay cosas fuera, no sólo lo que se ve en la tierra”.

 

Éxitos de un instituto

La mención especial del jurado en el XXIII Certamen de Jóvenes Investigadores otorga a Miguel Gómez Garrido “la responsabilidad de representar a España en el 23th European Union Contest for Young Scientists, en septiembre de 2011 en Helsinki”, explica el profesor Gregorio Rosa, coordinador del trabajo y premiado también por su “destacada labor de fomento de la cultura científica, tecnológica e investigadora en el ámbito de la juventud”. Con su impulso el antiguo instituto Ana Ozores ha firmado una trayectoria exitosa en el dúo de jóvenes y astronomía. En la última edición del concurso Ciencia en Acción, en la especialidad Adopta una Estrella, Daniel Hernández Sánchez, estudiante de primero de bachillerato, consiguió la mención de honor del jurado por su análisis de los “fenómenos mutuos en los satélites galileanos de Júpiter”. Y el propio Miguel se llevó el premio especial de los jóvenes investigadores por su trabajo sobre Júpiter y sus satélites, en 2009. No será el último galardón que se agencie este joven talento mostoleño.

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Futuro

Móstoles hace amigos en inglés

Si un visitante de Móstoles entra por azar en La Tasquita, frente al Ayuntamiento, un miércoles, de las ocho de la tarde en adelante, encontrará un panorama curioso: jóvenes conversando –y divirtiéndose- en inglés y en español indistintamente. ¿Prácticas extra de alguna escuela? ¿El epílogo de un congreso? Nada de eso. Es una actividad de Móstoles International, organización que pretende fomentar “las relaciones entre jóvenes de diferentes países, el uso de los idiomas y el intercambio cultural”. Sin protocolos, que la intención es crear “un grupo de amigos cada vez más grande”, como explica Carlos Bolívar, el mostoleño viajero y entusiasta que ejerce de dinamizador.

Hace “unos 10 ó 12 años” Carlos Bolívar se dejó llevar por “el efecto pinball: en lugar de tener un plan concreto vas cogiendo oportunidades y viajas aquí y allá, sin dejar que interfieran las excusas típicas para no moverte, como la novia, la hipoteca e incluso la familia”. Su nomadismo empezó con la instalación de dispositivos de telecomunicaciones, de punta a punta de España, y cuajó luego en estancias en Ecuador, Inglaterra, Holanda, la República Checa, Francia. Viene este periplo particular a cuento de que Carlos ha comprobado que en otros países los extranjeros no se sienten extraños, ajenos, “y en España sí”. No se basa sólo en su experiencia, sino en la de los grupos que dinamizó en Inglaterra, sobre todo. “Llegué a tener actividades con hasta 200 personas de medio centenar de nacionalidades, y lo mejor es que la gente se olvidaba de las procedencias y disfrutaba en plan amigo”, destaca. De vuelta a Móstoles, Carlos transmitió la idea a otro mostoleño, Óscar Escribano, emprendedor sin pausa y ávido de novedades, y el plan cristalizó en Móstoles International. “La idea es dar un ambiente internacional a Móstoles, propiciar que la gente española y de Canadá, de Estados Unidos, de Inglaterra y de cualquier parte, se conozca, sepa algo más de la cultura de los otros, practique un segundo idioma y además se divierta”. Eso es sólo el principio, porque también van a promover quedadas para patinar, para ver cine, competir al ajedrez y en general “cosas que hacer, en un ambiente sano y con mezcla”.

 

“Anímate, aunque no hables inglés” 

El objeto de Móstoles International es que cada vez más jóvenes se pasen los miércoles al intercambio cultural en La Tasquita (plaza del Ayuntamiento) y se suelten. “Anímate, aunque no hables inglés”, es el mensaje. Aunque por ahora sólo han usado la difusión en las redes sociales y el boca en boca, en alguna tardenoche se han reunido hasta 20 jóvenes, “mostoleños, canadienses, americanos de Texas, algún inglés, creo; la gente se entera y viene, y la idea es que al final queden por su cuenta y no haya que hacer dinámicas para animar, que funcionen como un grupo real de amigos, que viajen, que se muevan y se conozcan”. La elección de Móstoles era evidente para el experimento: “Es mi casa, me siento de Móstoles, y de hecho he vuelto porque después de una década viajando echaba de menos ciertas cosas”, apunta Carlos, que ahora vive de impartir clases de inglés, hacer páginas web y videojuegos (www.nedrago.com).

 

Corte, pereza y risas

Uno de los participantes, Alejandro Vega, cuenta que se unió a Móstoles International el día en que también se sumaron al grupo cuatro jóvenes canadienses. “Carlos nos intercaló para que nos viéramos obligados a conversar y como ellas no hablaban apenas español pues tuvimos que lanzarnos a hablar en inglés sin remedio; al principio da corte, pero luego te vas animando y te esfuerzas para que te entiendan”. Con los minutos se atrevió incluso a enseñarles expresiones tan españolas como “¡está muy chulo!”, con lo que tuvieron que buscar el equivalente exacto en inglés.

El humor, las risas, forman parte de la actividad. “Esto no es una academia de inglés”, remarcan Óscar y Carlos. “Nosotros somos los de peor nivel y aquí estamos”, ríen Sonia y Mario. Mario, de los habituales, se sorprende todavía de que la gente “se vuelque” en hacerse entender; “te repiten lo que han dicho, si no lo has entendido, te lo explican, y todo se hace muy fácil”. Sonia resalta cómo el contacto con gente de otros países no supone extrañeza sino entendimiento. “Te sientes bien al poco de llegar, porque ves el ambiente divertido, sin tensión, y eso es muy bueno, porque llegas aquí después de una jornada laboral muy larga y sin embargo no te da pereza”. Recuerda el día en que el americano que estaba a su lado aprendió a pronunciar “cremallera”, y sonríe al recordar la dinámica de Carlos: “Cogió el diccionario y eligió una palabra en inglés que hasta a los de habla inglesa les costaba saber el significado; la prueba consistía en que con gestos o expresiones nos ayudaran a descubrir el significado; fue como jugar al disparate”.

 

“Hay que hablar, no traducir”

Billy, de Texas, lleva cinco años en España. Su labor como profesor de inglés en un centro educativo madrileño propició que la conversación derivara sobre el sistema de enseñanza de esta lengua en España. Billy cree que el aprendizaje funciona cuando se evita la tentación tan extendida por aquí de traducir del español al inglés la frase que se quiere pronunciar. “Hay que hablar, no traducir”, asiente Carlos. “Hay que aprender que blue es blue, no que azul es blue”, añade. Móstoles International ha despegado con el inglés, pero no descartan que haya grupos paralelos “en francés, por ejemplo”. Y entre las actividades han previsto fiestas –International Nights-, deportes alternativos como el frisbie y, por supuesto, excursiones.

Calendario de actividades

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En movimiento

Guitarreo a la medida

Juan Manuel Azcona necesitaría una explanada si un día le diera por reunir a todos sus antiguos alumnos. Porque lleva “más de 18 años” impartiendo clases de guitarra y no le fallan los estudiantes ni en estos tiempos críticos para todos. Será porque su método a la medida atrae tanto a los músicos de un rato como a los aspirantes a “guitarrista de nivel”. El Instituto de Guitarra Moderna tiene 130 alumnos que progresan en grupos de cuatro como máximo. A los nuevos se les pregunta por sus 10 canciones favoritas para establecer la ruta idónea de aprendizaje.

“Hay gente que no se quiere agobiar, que busca un escape al estrés y que utiliza la guitarra casi para relacionarse”, dice Juan Manuel; para ellos el Instituto de Guitarra Moderna tiene una programación “simplificada”: no se les abruma con despliegues teóricos, “se trabaja el ritmo, los acordes y las escalas a partir de canciones conocidas”. A los que sí desean profundizar en la guitarra, Juan Manuel y sus dos profesores asociados, Manu y Alberto (flamenco), les ofrecen un camino más largo de técnica (“picking, legatto, arpegios, sweep, tapping y más, con ejemplos de guitarristas representativos”), de armonía y composición (lo fundamental y las últimas tendencias) y de cómo aplicar lo aprendido a un grupo musical. Y es que hay alumnos que tienen su propia banda -o lo pretenden- y saben, o no tardarán en comprobarlo, que “no es fácil encajar los conocimientos de armonía y composición”; de modo que en las dos aulas del instituto los alumnos aprenden a “sacar provecho del tándem guitarra-bajo, o de dos guitarras-bajo y de cómo repartirse el trabajo para que si hay un teclado suene todo en equilibrio y no como una masa”, y otras mil aplicaciones y trucos para que la banda suene bien. Hay un plan específico también para guitarristas precoces; “a los niños les asociamos la música al juego y aprenden de una forma divertida”. Y a todos se les presta la guitarra para la clase. “Algunos se traen la suya, pero entendemos que la mayoría viene de estudiar o trabajar y no es cómodo andar todo el día por ahí con la guitarra”.

 

Rockeros y una escalera archifamosa

El Instituto de Guitarra Moderna tiene hoy pupilos desde los nueve años hasta los 62, de ahí que las preferencias sean muy variadas. A Manu, que primero fue autodidacta, luego alumno y ahora profesor, los estudiantes más rockeros le sugieren lo esperado, de Mago de Oz a Saratoga. Los más jóvenes no conocen a bandas legendarias como AC/DC pero al escucharlas se enganchan. Los alumnos de Manu prefieren “de rock para arriba, metal y otros estilos”. Juan Manuel también tiene rockeros pero no le falta quienes prefieren el jazz, el jazz fusión “y la rumbita”, que no el flamenco puro, que a ésos los ilustra Alberto. El menú es de una hora de guitarra a la semana, por 70 euros mensuales, que se quedan en 65 si se paga la cuota en un plazo fijado. Los gustos cambiantes de los estudiantes obligan al profesorado a estar al día. “Y a veces con sorpresa, porque una canción que no te gustaba mucho al escucharla te engancha cuando empiezas a prepararla, al tocarla tienes otra sensación”. Algunos siguen pidiendo a los clásicos y se tocan, caso de la escalera archifamosa de Led Zeppelin, Stairway to heaven.

 

Clapton, crisis y autenticidad

Cada grupo, e incluso cada alumno, tiene su ritmo, que los profesores van adaptando. “Con unos podemos ver una canción de Eric Clapton en una sola clase y con otros grupos nos lleva tres semanas; lo principal es que el alumno se sienta cómodo, que venga con ilusión”, explica el director, y ese cuidado extremo va muy bien para que nadie se retraiga de tocar. Manu, hoy profesor y guitarrista de la banda Atsphear, recuerda la tragantona de esa primera vez en la que tuvo que tocar delante de los otros. Así que tanto él como el resto de profesores encuentran la manera de que los alumnos pierdan el miedo a interpretar delante de los demás. Todo eso exige una dedicación total, pero Juan Manuel hace tiempo que decidió apostarlo todo por la escuela; probó la vida como músico acompañando a bandas como La Quinta Estación, pero en cuanto el instituto funcionó se dijo: “Prefiero tener mi negocio”. La escuela empezó en El Soto. “Nos ofrecieron un local bastante grande y estuvimos cinco años aguantando las dificultades que suponía estar en un barrio que entonces se consideraba alejado del centro”. Luego, el proyecto se consolidó y apretó en un local escaso en la avenida Dos de Mayo y, ahora, el instituto ha encontrado su lugar idóneo en el Paseo de Arroyomolinos, un local a precio de crisis, sin contar el desembolso de la insonorización. El director da seis horas intensas de clase cada día y emplea otras tantas para preparar las sesiones. Los tiempos son difíciles, como canta Dylan, pero hay esperanza para lo auténtico. “Todos los alumnos que se fueron a otras escuelas por rebajas o para probar han vuelto aquí, después de comparar”, se enorgullece Juan Manuel.

Instituto de Guitarra Moderna
Paseo de Arroyomolinos, 20
Tels: 916136907 – 619278040
www.institutodeguitarramoderna.com

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Retrato

 

“¡Ya tenemos vía verde!”

La vía verde Móstoles-Almorox superó su primer test-marabunta, un domingo soleado de octubre. Centenares de ciclistas y peatones, convocados por el Ayuntamiento y la Plataforma por la Vía Verde, pusieron a prueba un recorrido aún en obras. Las pelucas y los disfraces de los más intrépidos aportaron el colorido que le falta todavía al lugar, y se notó el abismo entre los senderistas habituales –con apoyaturas, ropa adecuada y vituallas- y los caminantes ocasionales, que no llevábamos ni agua. Por suerte, Protección Civil repartió refrescos a pocos metros del puente de hierro.

Móstoles ha entrado en el mapa de ciudades que reconvierten vías de ferrocarril en desuso en rutas para cicloturistas y paseantes. El itinerario soñado es Móstoles-Almorox, 55 kilómetros, pero de momento existe el trayecto mostoleño, 4,5 kilómetros que estarán adecuados por completo en un par de meses. Entre los cicloturistas estuvo el vicealcalde de Móstoles, Daniel Ortiz, quien espera que la vía atraiga no sólo a todos los mostoleños sino a gente de cualquier parte. Santiago Fernández, de la Plataforma por la Vía Verde, destaca el “gran valor paisajístico” de la ruta y confía también en la llegada de ecoturistas de la Comunidad de Madrid y del resto de España.

 

Albergues, guasa y patines

Desde el Ayuntamiento y la Plataforma imaginan una vía generadora de áreas de descanso, albergues y servicios añadidos como el alquiler de bicicletas. El presupuesto de las obras en activo es de 738.000 euros, del Fondo Estatal de Inversiones. El resto de ayuntamientos afectados deberán impulsar su tramo: Villaviciosa de Odón, Navalcarnero, Villamanta, Méntrida, Aldea del Fresno, Villa del Prado, Santa Cruz de Retamar y Almorox, hasta los 55 kilómetros marcados. “En barco navegamos/ volamos en avión/ y por la vía verde/ iremos a Almorós/. Hay que seguil luchando”, rezaban un par de carteles con guasa ortográfica en las bicicletas de un par de participantes disfrazados. La marcha ecolofestiva empezó y terminó en el Pradillo, donde hubo sorteos y se vieron –y probaron- patines y bicicletas eléctricas y monociclos vertiginosos. La marabunta atravesó parte de la ciudad, desde el centro hasta El Soto, ante la perplejidad de automovilistas y peatones madrugadores. “¿Qué es todo esto, qué pedís?”, preguntó alguno. “¿No te has enterado? ¡Celebramos que ya tenemos vía verde!”, le respondieron al paso.

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Retrato

 

“Gritar goooool y no sentirte solo”

Así define Álvaro Marcos la sensación de formar parte de una peña deportiva. Goles del Barça, en su caso, porque este mostoleño de 25 años es socio fundador de la incipiente Peña Barcelonista de Móstoles. Aunque criado en una familia de atléticos, Álvaro se saltó la tradición rojiblanca y se hizo culé cuando el “dream team”, en los años noventa; entonces ser del Barcelona en Madrid era una cuestión medio secreta, con condición casi de estigma. Captador de jóvenes para la peña, este empleado en una factoría de metal percibe que los tiempos han cambiado y que la gente hoy presume de culé hasta en la cuna del madridismo. Él lleva tatuado el escudo barcelonista en la pierna.

Álvaro nos cuenta que le tatuaron en Móstoles, en La Cheli Horror Vacui, en Pintor Velázquez. Le preguntamos si el tatuador le hizo algún guiño-puya cuando vio lo que debía marcar en la piel. “No me puso ninguna pega…”, sigue con la broma el responsable de juventud de la Peña Barcelonista. Supo del colectivo mostoleño en el web de referencia de muchos culés, www.blaugranas.com. Cuando conoció los planes del entusiasta presidente de la peña local, Xavi Navarro, se adhirió al grupo fundador. El propósito es “tener un punto de encuentro”, que la PBM sea “el centro de los culés de Móstoles”, y de otros municipios, porque en www.pbmostoles.com confiesan sus aspiraciones: “Ser más que una peña, ser la Casa del Barça en Madrid”.

 

Socio a 620 kilómetros

El responsable de la juventud culé en Móstoles es socio del Barcelona, pese a que el Camp Nou está retiradillo de su casa, a unos 620 kilómetros de distancia. “Evidentemente” sólo viaja hasta la ciudad condal cuando hay partidos significativos. “Me gustaría ir a todos pero no es posible y esa frustración se lleva como se puede”, se resigna. Sus amigos no entienden algunas de sus desmesuras de culé, como la de irse solo a un acontecimiento de disfrute grupal, como la final de la Champions League que el Barcelona ganó al Arsenal en París, en 2008. Pero es que de su gente más próxima él es el único barcelonista. Quien en la infancia tuvo el traje del Barça y sólo pudo lucirlo en ocasiones especiales conoce bien la sensación. A Álvaro se lo regalaron en su sexto o séptimo cumpleaños, duda, “y la gente se metía conmigo”, recuerda. “Ahora es diferente y en Madrid se ven incluso más camisetas del Barça que camisetas del Madrid en Barcelona”.

 

Iniesta y el Jabulani firmado

La Peña Barcelonista de Móstoles celebra los triunfos junto al titiritero de la plaza de la Cultura y se reúne para ver los partidos en El Rebujito (c/ Carlos V, 66). A los nuevos les gustará saber que la PBM tiene entre su patrimonio una camiseta y un banderín firmados por todos los jugadores del primer equipo. Y hasta un Jabulani rubricado, sí ese balón imprevisible que sufrieron los guardametas en el último Mundial. Los fundadores de la peña le mostraron todos esos tesoros a la concejal de Juventud, Eva Sánchez, durante la presentación del colectivo. Además de para ver los encuentros, los peñeros culés se juntan para compartir devociones; la de Álvaro va de Iniesta a Xavi.

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Rincón

Juventud sin fronteras

Los límites de Móstoles son una anécdota geográfica para la Concejalía de Juventud cuando se trata de ofrecer planes y descuentos a los mostoleños. Por un sábado la Snow Zone de Xanadú fue una prolongación de la ciudad y decenas de jóvenes mostoleños disfrutaron de un día de nieve artificial a un precio más bajo que el resto de mortales.

 

 

Cuestionarios

Andrea Arenas Fernández- Cañadas, estudiante

  • Un libro: “Los miserables”, de Víctor Hugo.
  • Un disco: “Sin mirar atrás”, de David Bisbal.
  • Una película: “Troya”, de Wolfgang Petersen.
  • Una comida: Macarrones a la carbonara.
  • Un proyecto: Ser matrona.
  • Un sueño: Conocer mundo.
  • Una pesadilla: El fracaso.
  • Un lugar de Móstoles: Finca Liana.
  • Una afición: Cualquier tipo de baile.
  • Te diviertes con: La música.
  • Una debilidad: Chocolate.
  • Un color: Azul.
  • Un olor: A vainilla.
  • ¿Qué cualidad prefieres en la gente? Sinceridad.

Leo Galli, el mago Tremere

  • Un libro: “Obras completas” de H. P. Lovecraft.
  • Un disco: “Loco Live”, de The Ramones.
  • Una película: “El beso del vampiro”, de Bela Lugosi.
  • Una comida: Milanesas a la napolitana.
  • Un proyecto: Mi casa.
  • Un sueño: Viajar.
  • Una pesadilla: Fracasar.
  • Un lugar de Móstoles: Plaza del Pradillo.    
  • Una afición: El baloncesto.
  • Te diviertes con: Los videojuegos y los juegos de rol.
  • Una debilidad: La ansiedad.
  • Un color: Púrpura.
  • Un olor: A lavanda.
  • ¿Qué cualidad prefieres en la gente? Solidaridad en los tiempos que vivimos.
  • Un héroe/heroína: Vlad tepes III, rey de Valaquia, por sus hazañas contra las invasiones turcas otomanas.
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