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Soy de Móstoles

La ciudad aplaude a los estudiantes sobresalientes

Alivio: no es forzoso ser deportista laureado, artista con público o héroe televisivo para gozar de reconocimiento popular. En Móstoles el esfuerzo callado de los jóvenes también es motivo de aplauso, caso de los 20 estudiantes que hincaron codos hasta conseguir una puntuación sobresaliente en la última prueba de selectividad. El porvenir de la medicina, de la ingeniería, de la música, de las matemáticas… y de Móstoles, en general, depende de quienes, como ellos, demuestran que la juventud promete. El alcalde, en nombre de todos los mostoleños, los felicitó, les entregó un regalo y les preguntó por sus planes.

El sobresaliente en selectividad cotiza al alza en Móstoles. En aplausos y reconocimiento, como el que el regidor, Esteban Parro, el vicealcalde, Daniel Ortiz, la concejal de Juventud, Eva Sánchez, y la edil de Educación y Cultura, Mirina Cortés, tributaron a los 20 alumnos de los institutos de Móstoles que han conseguido de un 9 en adelante en la prueba reciente. La breve ceremonia transcurrió en el salón de plenos del Ayuntamiento, en presencia de familiares de los protagonistas. “Los padres son los más felices del mundo en estos momentos”, declaró el alcalde, y memoró su propia experiencia como docente y como progenitor. A los chicos les recordó que les ha llegado “el momento de tomar decisiones”. “Hasta ahora os habéis dejado llevar, el camino estaba marcado, pero ahora hay que empezar a decidir los estudios que os llevarán a ejercer una profesión en el futuro; es un momento muy especial”.

El instituto con más alumnos sobresalientes en la selectividad este curso fue el Villa de Móstoles, con seis estudiantes, seguido del Clara Campoamor con 3, el Antonio Gala con tres y el Velázquez con 2. Más centros en el palmarés: Europa, Juan Gris, Manuela Malasaña, Miguel de Cervantes, Liceo Villafontana y Villaeuropa. Nombres aparte, el regidor extendió el agradecimiento y el aplauso “a todos los institutos de Móstoles”, convencido de que en los años sucesivos irán pasando por el salón de plenos cada verano alumnos destacados de cada centro educativo.

 

Alberto, 9,553: Ingeniería Industrial, violín y rock

El mostoleño con mejor nota en la última selectividad se llama Alberto Ibáñez, estudia en el Villa de Móstoles y obtuvo un 9,553. Ha pedido plaza en Ingeniería Industrial, y se examinará para estudiar el Grado Superior de Violín en el Conservatorio de Madrid. La elección de “industriales” fue “por descarte”, por el interés por ciertas asignaturas, “más de ciencias que de letras”; además pensó “en las salidas profesionales: la Ingeniería Industrial es la menos concreta de las ingenierías y podré hacer de todo”. La principal preocupación de Alberto es si podrá “encajar los horarios” de la carrera con la dedicación musical. Bueno, en realidad la duda es doble: este joven no está convencido por completo de desear una dedicación completa a un solo instrumento y un solo estilo musical, más después de haber arrancado con su propia banda de pop-rock, Cuestión de Gustos. “De pronto estoy dividido entre el clásico y el rock, entre la condición de solista o la de pertenecer a un grupo; esperaré a ver cómo va la prueba de violín en septiembre”. Preguntamos por los hábitos de estudio al alumno más brillante en la selectividad de 2010: “Al estudiar en el conservatorio, todos los cursos vas a salto de mata; es verdad que este año me he planificado más de lo habitual y lo más importante es llevar los estudios al día e ir entendiéndolo todo”. Una curiosidad: las dos asignaturas más difíciles para Alberto han sido Lengua e Historia; “son las que hay que llevar al día”, concluye.

 

Ángel, 9,517: Medicina y pesimismo (innato)

Lo tuvo claro desde el tercer curso de la ESO: estudiaría Medicina. Ha elegido la Universidad Autónoma. “Me lo he pensado mucho, pero me han dicho que es la mejor en Medicina y no está excesivamente lejos”, arguye. Ángel Manuel Rosell, del instituto Europa, obtuvo un 9,517 en la prueba de selectividad. Habrá que imaginarse la cara de estupefacción de un desconocido al saber que quien obtuvo esa notaza salió del examen con sensación de fracaso. “Pensé que no me iba a dar la nota para Medicina, pero me llevé una alegría al ver las calificaciones; soy pesimista con las notas”. ¿Sensaciones de la prueba? “Fue más agobiante que difícil, porque ves que todo se te junta y que no vas a abarcar; pero con el trabajo diario se puede obtener; el agobio y la presión hacen que una vez en la selectividad te des cuenta de que el examen es más fácil que cualquiera durante el curso”. Confiesa Ángel que su madre no le ve de médico. “Me dice que me pega más una ingeniería, pero a mí no me gusta nada; de hecho, si no me hubiera dado la nota para Medicina, habría escogido Económicas u otra similar”, afirma.

 

Amanda, 9,356: Investigación matemática

Amanda Cabanillas, del instituto Manuela Malasaña, ve una montaña de opciones profesionales donde la mayoría no atisba más que un nubarrón de números. Con un 9,393 en la selectividad, la elección de Matemáticas provoca sorpresa en quienes piensan que los brillantes estudian ingenierías o medicina, sí o sí. Amanda quiere ser matemática y dedicarse a la investigación, hacer másteres y trabajar en distintos lugares del mundo. “Y si no me sale bien lo de la investigación, intentaré quedarme en la Universidad Complutense, porque la docencia me interesa”. Durante un tiempo dudó entre la Física y las Matemáticas, pero durante este último curso en el instituto se decidió.

 

Andrea, 9151: Matrona vocacional

“Todo el mundo me dice que haga Medicina, pero yo lo tengo muy claro desde hace mucho: quiero ser matrona”. Habla Andrea Arenas, del instituto Juan Gris. Estudiará Enfermería y Matrona en la Universidad Rey Juan Carlos. “Me gusta desde pequeña, es vocacional”, recalca y se acuerda de su tía enfermera, que falleció.

 

Jesús, 9,356: Dos carreras, presión y “último día”

Dice Jesús Campo Ibáñez, matrícula de honor en el bachillerato, premio fin de grado en el conservatorio (piano) y 9,356 en la selectividad, que rinde más “bajo presión”. Y todo apunta a que no le faltará “presión” de aquí en adelante, si, como planea, consigue la admisión en el Grado Superior de Piano, el de Dirección de Orquesta y el de Composición. De las tres carreras musicales piensa compaginar dos al menos. “En el instituto por las mañanas y con las tardes dedicadas al conservatorio siempre he estudiado el día antes de cada prueba, no tengo el hábito de estudiar todos los días; la selectividad me la preparé en la víspera, pero bueno es un examen rutinario si has ido superando los exámenes del año”, se explica. Jesús habla con pasión y evidencia que lo tiene todo meditado: “La música es mi prioridad y me gustaría irme a estudiar en tercero de piano a Berlín o a Estados Unidos, luego opositaré al Conservatorio y, después, me dedicaré a estudiar; de carreras, preferiría una que me sirviera para curtirme culturalmente, por ejemplo Filosofía”. Jesús acostumbra a exprimir su tiempo al máximo y tiene tiempo incluso para dirigir una orquesta, tocar en una polifónica, en una coral…

 

Sandra, 9,393: Medicina, “estrés” y duda

A Sandra Maldonado, del instituto Miguel de Cervantes, le inquieta una duda/miedo común a muchos jóvenes que se deciden a estudiar medicina: “¿Seré capaz?”. La incógnita no está en el rendimiento académico, más que prometedor cuando se obtiene un 9,393 en la selectividad. La inseguridad tiene que ver con el carácter: “Soy aprensiva, así que no sé si voy a estar preparada para ver ciertas cosas”, confiesa, y después se relaja al escuchar alguna historia de médicos muy aprensivos para sus cosas pero muy profesionales al combatir las enfermedades ajenas. Sandra tiene a su favor que es una joven acostumbrada a esforzarse. “Este curso me ha costado bastante, por la cantidad de materias y por el estrés de la selectividad”. Se preparará para doctora en la Universidad Rey Juan Carlos. “Está cerca, es nueva y me gusta”, resume, con seguridad. ¿Especialización? “Me gusta pediatría, pero tengo unos años para decidir”, sonríe.  

 

Ekaterina, 9,042: Administración, y la docencia al fondo

Muchos años soñando con ser maestra y, a la hora de la verdad, Ekaterina Martín se ha inscrito en Administración y Dirección de Empresas. “Mis profesores me han dicho que no estudiara Magisterio, que las oposiciones son tremendas; pero yo no descarto estudiarlo, porque siempre ha sido mi vocación”, revela. Desilusionada por los propios profesores, Ekaterina ha emprendido un camino que no le es ajeno por familia, su padre y su madre. Esta alumna del instituto Antonio Gala, con un 9,042 en la selectividad, espera que encontrar en el ambiente universitario (en la Rey Juan Carlos) el interés por el estudio que no ha encontrado en la mayoría de compañeros del bachillerato de ciencias sociales; el estudio era una rareza que chocaba con la rutina de una joven que estudia varias horas cada tarde. “No me canso de estudiar… salvo con la filosofía, que me da sueño”, sonríe. Ekaterina sabe ya lo que son las prioridades: dejó los estudios de piano en el conservatorio, porque pese a los buenos resultados se sintió agobiada, sin tiempo.
 

Cantera

Sueños juveniles en danza

Los Premios Distrito Joven reunieron en el centro sociocultural Joan Miró a algunos de los bailarines más prometedores de Móstoles. Hubo números innovadores, arriesgados, propuestas vibrantes, coreografías animadísimas pero, sobre todo, la finalísima irradió ilusión y futuro. El baile es diversión, cómo no, pero también disciplina, esfuerzo, valor…

La finalísima arrancó con un solo de danza “expresionista-surrealista”. Daniel Corcobado, indagador constante, se atrevió con un número de baile que debió de desconcertar a los que se revuelven ante lo inesperado. Genius es una coreografía hecha de sueños y algún reproche: “Es una crítica al arte como industria y a su comercialización, una crítica poética hacia la ignorancia”, expresa el protagonista. Dalí, Kandinsky, Klee, Beckett, Tim Burton, la búsqueda de la raíz, lo primitivo, la teatralidad, la cara pintada, y el cuerpo en perpetuo movimiento (“de lava, flan, arcilla, roca, hierro, pluma, aire, alambre”, metaforiza). Daniel es coreógrafo, estudia interpretación gestual en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y en su currículo alude a estudios de voz, canto y el título del Conservatorio Profesional de Danza.

Valores y funky

De la introspección se pasó a la efervescencia del funky-hip hop. La Asociación Deportiva Aeróbica de Móstoles (ADAM) regaló al público del Joan Miró ese espíritu con el que acuden a campeonatos: expresividad, técnica, competencia, pero sobre todo “valores”. Los habituales de Distrito Joven saben que en ADAM la competición no lo es todo. El propósito es “que los menores se eduquen en el deporte, lo más lejos de la calle que sea posible”, por decirlo con palabras de la entrenadora, May Lozano. Los principales bailarines tienen 15, 16, 17 años y funcionan “como una gran familia”. Entrenan en el pabellón deportivo del colegio Villaeuropa y, de haber ganado el Premio Distrito Joven, lo habrían dedicado a pagar el alquiler de las instalaciones.

 

Moscú y bata de cola

Con Laura Gómez La Caleta el flamenco y la bata de cola se adueñaron del escenario. Bailaora y coreógrafa, Laura es además empresaria pujante y con la Escuela de Artes Escénicas Keviri pugna con la crisis por “mantener la calidad de la danza y sus raíces”. Este verano está en Moscú, en la Escuela Flamenkería, impartiendo “cursos de bata de cola, castañuelas y todos los palos flamencos”. Laura está orgullosa de que la hayan invitado a participar en los cursos de verano, “porque a esa escuela van los mejores profesionales del flamenco y la danza española”. Puede presumir además de ser “una de las profesoras más jóvenes, porque allí van normalmente maestros con treinta y tantos o cuarenta años”. “Es un privilegio que confíen en la metodología de una profesora de 28 años, como yo”, celebra. En los Premios Distrito Joven pudimos ver a alumnas españolas de Keviri, con el grupo flamenco homónimo, compuesto por chicas que quieren hacer carrera en la danza.

 

Zapatillas y oficio

Telón. De la bata de cola a las zapatillas vigorosas y coloristas. Urban Dance. Cuatro chicas y tres chicos dándole “al funky, el hip hop, el break, el house, el locking, el popping”. David, Mateo y Lin hacen exhibiciones, conciertos y han colaborado en videoclips con su grupo de breakdance. David imparte clases en la Asociación Bailes Urbanos de Móstoles, de la que son alumnas dos de las integrantes de Urban Dance, Karina y Gabriela. Quedan por mencionar Eva, que, aparte del movimiento callejero, participa en festivales de baile regional y danza española, en Japón, Rusia e Italia; y está Carmen, impulsora capital de la asociación de baile como culminación de años de formación y planes. “Nuestra idea fue juntarnos para poder complementar totalmente un grupo con todos los estilos urbanos y para aprender cada uno del resto; todos coincidimos en lo mismo: amamos la danza y este oficio”. Si hubieran ganado el premio lo habrían dedicado a la mejora de instalaciones de la Asociación Bailes Urbanos y a proyectos de clases magistrales con profesores “de fuera”.

 

Pasión y sacrificios

El flamenco retornó a las tablas del Joan Miró con EntreTres, grupo con el que Noelia Mansilla, Rocío Mansilla y Víctor Rodríguez han cumplido “un sueño: el sueño de la danza y el flamenco”. El trío empezó “hace apenas tres años, para compartir una forma de expresión en la música”. Las ofertas de trabajo llegaron: restaurantes, salas de fiestas, celebraciones… La formación académica rigurosa de los tres es evidente; en la finalísima de los Premios Distrito Joven lo demostraron con “un tema pasional”, de fondo amoroso. Si el jurado los hubiera elegido, habrían invertido los 1.500 euros del premio en formación, porque, como ellos dicen, “el sacrificio que exige la danza es considerable, pero el obstáculo más importante es el coste económico de la carrera musical”.

 

De salón… deportivo

Cuentan Irene y José Conesa que lo suyo es baile de salón enfocado al deporte, una disciplina “muy técnica y muy dura, porque no sólo se trata de bailar sino de expresión corporal, facial”. José e Irene son hermanos y llevan danzando desde niños. Irene tiene 16 años, estudia en el instituto Luis Buñuel y entrena a diario, como José, que a sus 18 años compagina Empresariales con los entrenamientos de baile. A su palmarés esplendoroso de triunfos a nivel español y europeo pueden añadir el premio Distrito Joven, porque el jurado los eligió ganadores de esta primera edición. Utilizarán los 1.500 euros del premio para pagar clases “de entrenadores reconocidos a nivel internacional”, de Italia y Rusia, principalmente.

 

¿Raliab? Bailar

La biografía de Raliab que presentó Marcos Díaz a los premios Distrito Joven era escueta e iba escrita a mano. “Somos un grupo formado por 13 personas de diferentes edades; empezó en 2009 a través de Marcos Díaz y sus ganas de formar a jóvenes del municipio en diferentes tipos de baile como funky, street dance, house. Recibimos clase cada semana y el objetivo es aprender y, cómo no, llegar a ser unos grandes bailarines, reconocidos”. El premio habría sido para clases y ropa de baile, “playeras, chándales, calentadores…”, especificó el aspirante. No consiguieron los 1.500 euros, pero dejaron su impronta, ímpetu y maneras en el escenario del centro sociocultural Joan Miró.

 

De cierre, Musas

Los chicos de Raliab no fueron los únicos en biografiarse a mano. Presentó unas líneas a bolígrafo también Las Musas, un cuarteto femenino forjado en la Escuela de Danza Nuria Pomares. Instruidas en ballet clásico, folclore, danza estilizada, flamenco, jazz y más, Las Musas saben de la dureza de irse fogueando en el baile, de abrirse paso: no siempre hay un teatro donde lucir al máximo o un centro cultural, como el Joan Miró, a veces hay que irse hasta un pueblo esquinado o actuar en el escenario minúsculo de un pub o incluso sin escenario apenas, en una residencia de ancianos. El triunfo consiste en ponerle la máxima ilusión como ellas hacen siempre.

 

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Cantera

Los jóvenes artistas se explican

El galardón fue lo de menos. Lo mejor fueron los días de exposición de las obras en el Museo de la Ciudad y la defensa que cada joven artista pudo hacer de su obra frente al jurado y frente a amigos, otros artistas y la concejal de Juventud. Con convicción y pudor a partes iguales, fotógrafos, pintores, dibujantes, una escultora y un cineasta se explicaron. Las líneas que siguen son algunas sensaciones de una tarde inédita con la cantera de artistas de Móstoles, a cuenta del Premio Distrito Joven de Artes Plásticas y más. 

Belén Rodríguez, de 33 años, presentó Simetría en rojo, un cuarteto de imágenes digitales en un marco común. “La obra no tiene ninguna intención o doble lectura, es lo que es: una composición basada en el juego de color del rojo, el blanco y el negro. Quien quiera ver más allá será bienvenidas sus interpretaciones”. ¿El premio? Seminarios de fotógrafos de renombre “para ampliar las maneras de mirar y captar el instante”. El más joven, Leonardo Zubiarrain, 16 años, apostó por la fotografía analógica. Sin azares, todo intención: “Me parece más elaborada, ya que en el carrete sólo llevas 36 negativos y los tienes que aprovechar, mientras que en la fotografía digital con una tarjeta de memoria puedes tener el dedo flojo y hacer una gran cantidad de fotos de las cuales muy pocas valen”. Si hubiera ganado, habría dedicado los 1.500 euros “a formación”. Leonardo quiere “estudiar Periodismo en el extranjero, en Londres, y seguir con la fotografía analógica”. La inmigración es “la causa” de sus fotografías, por lo que parte de los euros habría ido a la Asociación para la Integración Sociolaboral del Inmigrante. Al concurso presentó La Gran Vía inmigrante, una tentativa de “reflejo de las miles de caras que tiene la inmigración”, en palabra de este hijo de inmigrantes argentinos. Otro jovencísimo fotógrafo, David Ballesteros, de 18 años, exploró el lado social con su cámara. Captó la imagen de una mujer cogiendo agua de un riachuelo rebosante de desperdicios, en busca de una categoría triste, la de “los indigentes que pasan frío, beben agua de sitios nauseabundos y se alimentan de lugares peores incluso”.

 

Infinito, barriga y tele contaminante

Hubo más fotografías en el Museo de la Ciudad por cuenta del Premio Distrito Joven de Artes Plásticas. María del Carmen Ovejero, de 30 años, ofreció unos recuerdos del Templo de Plata, en Amristar, al norte de India, los dioses que dan la bienvenida al visitante del templo, la “mirada orgullosa” de Krishna, “representación finita del infinito”, la ofrenda, una flor, la belleza, la prosperidad. María del Carmen eligió esa serie “por la gran fuerza de las imágenes” y, de haber conseguido el premio, habría destinado los euros a seguir formándose “en la fotografía y el vídeo”.

Miguel Onieva, de 24, prefirió fotografiar la intimidad más próxima, con Family, la de una barriga prominente de embarazada (Silvia) abrazada por Iván y su mirada sonriente, o, simbólicamente, “dos mostoleños que han formado una familia”. Pablo Martínez, de 28 años y en el segundo ciclo de Bellas Artes en la Complutense, teorizó en su fotografía sobre “la civilización de la imagen”, en referencia a esa sociedad en la que se ha esfumado aparentemente la distinción entre imagen y realidad. Una idea: “La necesidad de consumir imágenes, independientemente del medio en el que se produzcan”; por cierto, que una televisión aparece como “el elemento más representativo de contaminación visual, un aparato doméstico con una capacidad de absorción mental muy superior a la de ningún otro elemento comunicativo”.

 

Belleza, sumisión y (des)esperanza

Sandra Correal, de 26 años, optó por el encadenamiento de fotografías, para mostrar un lado inquietante de su lugar preferido de Móstoles, el parque El Soto. Paisajes, aves, en sepia, colores “naturales” y blanco y negro, en busca de “la belleza de una naturaleza muerta”. Rocío López, de 23, estudiante de Bellas Artes, mezcló pasado y presente para su Sumisión I: por un lado reavivó la cianotipia, una técnica del XIX usada para las primeras fotografías, y la rodeó de “materiales y medios más actuales”: cámara fotográfica digital y retoque con photoshop. La idea de partida: la esclavitud, “de ahí el título”.

En pintura, Raquel Navarro, titulada en Bellas Artes de 35 años, entregó un Buda figurativo. Álvaro Gómez, de 28, dibujó un niño haitiano con una tristeza lejana en el rostro y unas letras grafiteadas que lo desmentían: “Esperanza”. “He querido reflejar positivismo en un momento de la historia en el que el mundo está lleno de temor e incertidumbre”. A su entender, siempre queda un hueco para la (des)esperanza. Una recién licenciada en Bellas Artes, Beatriz Martínez, recreó en video una propuesta ambiciosa: “La mejora estética del muro exterior de la plaza de toros de Móstoles; por ser la ciudad histórica por la guerra de la independencia contra los franceses, la plaza iría pintada con obras de artistas que pintaron sobre el tema”, comentó.

 

Cuerpos y rincones

Luis Miguel Machado, de 29 años, combinó óleo y acrílico En lo más profundo, un cuadro en el que el artista intenta “crear un espacio real invadido por una serie de cuerpos”, en ¡cuatro metros cuadrados! Con la bolsa del premio, Dochar, que tal es su nombre artístico, pretendía pagarse el doctorado de Bellas Artes. El artista, partidario de una pintura “en su estado más puro y despejado”, imparte clases en el centro cultural Caleidoscopio y en la escuela de pintura Machado.

María Isabel Martín Fojo, de 28 años, aportó a la muestra-concurso de Distrito Joven El quiosco de Kertassi, pieza realista de una serie de óleos en torno a las orillas del Nilo. Su hermana María Teresa, dejó por un rato los animales salvajes que pinta en su propio hábitat para confiarse a uno de sus Rincones del mundo, ciudades pintadas sobre tablas, caso del Atardecer en Santorini.

 

El dibujo y el tiempo

Cristóbal Aparicio, de 31 años, aprovechó la ocasión “para defender el dibujo como una técnica tan digna como cualquiera”. Tinta, carbón natural y lapicero para confeccionar el Díptico de la cuerda, donde cabe “desde la representación realista hasta el elemento gráfico abstracto”, según este licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y profesional de la ilustración, el diseño, el videoarte. Si hubiera ganado el premio lo habría dedicado a comprar nuevas herramientas y a invertir en la producción de esculturas, “cuya ejecución precisa de mayor inversión estructural”. La única escultura que hubo en toda la muestra-concurso fue la de Isabel Martín, Pandora, que fue la vencedora. Pandora como mito y paso del tiempo. “La obra hace alusión a aquellas oportunidades que nos brinda la vida y dejamos escapar pensando que tal vez volverán en algún otro momento. Pero no: el tiempo no espera y los años pasan”, explicó en el Museo de la Ciudad, delante de otros candidatos, del jurado y de la concejal de Juventud y otros invitados. Pandora tendrá nuevos acompañantes en la terraza-taller de esta joven titulada en Bellas Artes, porque destinará parte de los 1.500 euros “a material para la realización de nuevas esculturas”.

 

Defensa del esbirro

En la muestra de los Premios Distrito Joven hubo también un cortometraje, Confesiones de un esbirro, de Óscar Cavaller. Este mostoleño de 24 años batalla contra la adversidad financiera para cumplir su sueño y el de los colegas que le acompañan en la aventura cinematográfica: filmar un largometraje, y luego otro, y después otro. Con la Asociación Cine de Móstoles y una productora novísima, Abismo, pretende dar guerra en la causa cinematográfica. Su penúltimo corto es del género bélico, precisamente, bueno, más bien bélico-amoroso: “una defensa del esbirro, de ese estereotipo que muere tantas veces en las películas de Jackie Chan, en Star wars y otras películas”. El realizador y guionista se pregunta con sorna: “¿Por qué mueren los esbirros y por qué no nos importa? ¿Por qué no pueden ser los protagonistas de las historias?”. En Confesiones… los esbirros se quieren.

 

 

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Batallando

Sin miedo a internet… seguro

La oenegé Punto Omega y el Ayuntamiento ofrecen un servicio gratuito para que internet no se convierta en un problema para los adolescentes, sus padres y los jóvenes de Móstoles en general. Se llama Spant (Servicio de Prevención de Adicciones a las Nuevas Tecnologías) y lo atiende una psicóloga de lunes a jueves de las 12.00 a las 19.30, y los viernes de las 9.00 a las 16.30. Hay un teléfono de cita y resuelvedudas, el 91 0014432, y un correo electrónico de contacto, spant@ayto-mostoles.es. No hay razón para demonizar internet… seguro.

Circulan -por internet, claro- guasas sobre los síntomas de la adicción a la red; ahí van pistas: tu mascota tiene web propio, pones la coletilla “com” tras cada punto, cuando vas al baño dices que vas a “hacer un download”, etc. Macanas aparte y con independencia de que exista o no la adicción a internet (hay dudas profesionales), es innegable que el uso desaforado de las nuevas tecnologías puede ser perjudicial. Y contra eso trabajarán los profesionales del Spant, desde la prevención, con la psicóloga y dos técnicos municipales del área de Juventud y cuatro de la Escuela de Salud. “El principal objetivo es informar sobre los beneficios y riesgos del uso de nuevas tecnologías, dar a conocer las pautas adecuadas para su uso responsable, detectar los casos en que exista un uso problemático y orientar en la solución más adecuada”, resumió el alcalde, Esteban Parro, durante la presentación. El defensor del Menor, Arturo Canalda, valoró la “iniciativa pionera” de Móstoles y recordó el papel de las administraciones públicas “en la protección de personas más vulnerables”, caso de los adolescentes locos por el chateo y las redes sociales.

 

Utilidad frente a naturalidad

Una madre y un padre acudieron a la presentación del Spant, como símbolo de progenitores inquietos por la irrupción de las nuevas tecnologías en la vida de sus retoños de 10 y 15 años. Un informe del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (Inteco) dice que hijos y padres se aproximan a internet y alrededores “de forma diferente”, pese a que ambos se conectan mayoritariamente desde el hogar. Los adultos compran, leen las noticias, participan en foros y hacen transacciones bancarias, o sea que entran a internet “para algo”. Los menores, por el contrario, se aproximan a la red “de un modo más natural, no buscan sólo un servicio, están en internet y lo utilizan para estudiar, charlar o escuchar música, es una herramienta básica de relación social, de identidad”. Tres de cada cuatro sondeados dicen que internet les gusta “mucho o bastante más que otras cosas”. Sus apéndices son el ordenador, el teléfono móvil, la cámara de fotografía, la videoconsola.

 

Riesgos y ayudas

Aunque se duda de la existencia de la tecnoadicción, los expertos consultados por Inteco catalogan un puñado de riesgos: “Vulneración de derechos de la propiedad industrial o intelectual, acceso a contenidos inapropiados, acecho de otras personas o ciberbullying, acoso sexual o grooming, amenazas a la privacidad, riesgo económico o fraude y riesgos técnicos o malware”. Lo que más preocupa a los padres es el uso abusivo más que los virus, el acoso, la interacción con desconocidos, los timos y los contenidos inadecuados, por lo que los entendidos dudan de si los progenitores “disponen de elementos suficientes para valorar la gravedad de cada uno de los riesgos”.  Y lo peor de todo es que el 85 por ciento de los menores se confiesa incapaz de responder a una situación de riesgo. Sólo el 1 por ciento dice que pediría ayuda a los padres, muy lejos del 30 por ciento de adultos que espera que cuenten con ellos. Unos padres que reaccionarían en todo caso más en lo técnico (nuevos antivirus, etc) que en lo preventivo-disciplinario. De ahí la importancia de un servicio como el Spant, que proporcionará a adolescentes, jóvenes y adultos las claves para identificar riesgos y afrontarlos.

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Aficiones

“Y ahora, ¡a practicar!”

El último curso municipal de teclado electrónico, organizado por la Concejalía de Juventud en la sala TAF, fue mucho más que un divertimento, que también. Aquilató curiosidades y despejó caminos posibles: “No se trata de que en 20 horas salgáis tocando como Chick Corea, pero tenéis ya una nube de información y el único secreto es trabajar, estudiar e investigar el instrumento”, comentó Chema, profesor del curso a medias con Iván. “Queríamos que a un precio económico pudierais comprobar si os interesa el teclado”, añadió la concejal de Juventud, el último día de clase. “Y ahora, ¡a practicar!, en casa, en el metro, el autobús, en el coche…”, animó Antonio, máximo responsable de le escuela.

“La música es matemáticas en un 70 u 80 por ciento, es lógica, y, si la aplicáis al instrumento, ya tenéis una parte; la otra parte es técnica, conseguir que los dedos obedezcan al cerebro; con el curso habéis recibido información más que de sobra para empezar”, expresó el profesor a los alumnos, dispuestos en una columna, cada uno con un teclado. Giovanna, Sara, Carolina, Samuel y Jesús seguían las explicaciones de Chema con atención. “El piano es un instrumento muy visual, así que no me miréis a mí”, los incitaba a la práctica.

 

“La arañita”, aprendizajes y el Casio

El curso propulsado por la Concejalía de Juventud prometía nociones de improvisación, postura corporal, técnica básica, lectura de música a primera vista y más, en 20 horas. A juzgar por lo visto en la última clase, el curso había logrado que prendiera la curiosidad. El profesor solicitó a los alumnos que pasaran a la acción. “No me hagáis la arañita; ¿cuántas manos tenemos? Dos, ¿no? Pues hagamos que fluya la música; por cierto, hay una cosa que está muy bien y consiste en tocar todos al mismo tiempo”, bromeó. Lo de la “arañita” es una forma hipervisual de recordar que “no se toca el teclado levantando los dedos”, explicó Chema, a preguntas de los visitantes.

La concejal de Juventud, Eva Sánchez, pidió impresiones a los alumnos. “Tengo un casio y no había estudiado nunca música, así que mucho de lo escuchado aquí me suena a chino, pero me ha parecido muy interesante”, comentó una aprendiz de teclado. Entre los presentes había quien sí había recibido clases de música tiempo atrás, tenía piano en casa y quería retomar la actividad. Otro estudiante confesó que se había comprado el teclado para poder seguir practicando en su domicilio a partir de ahora. “Han estudiado mucho, se han esforzado”, les felicitó el docente, de forma pública.

Hacia el “virtuosismo”

Una alumna pidió un curso de nivel más avanzado en ediciones próximas, para progresar. “Sé que el curso es corto pero la intención es que a un precio asequible sepáis si el teclado os interesa”, justificó la concejal de Juventud. Antonio, responsable de la escuela donde se impartió el curso, abrió una veta de optimismo: “Con sólo 20 horas habéis alcanzado un nivel de comprensión alto; ahora, ¡a practicar!, en casa, en el metro, el autobús, en el coche, eliminad la arañita, practicad, es la única forma de alcanzar el virtuosismo”. Antonio puso como ejemplo al profesor, “que toca de seis a ocho horas el piano, ¡y eso cuando no trabaja!”. La sesión terminó con una petición unánime, concedida: fuimos testigos del virtuosismo de Chema al teclado. 

 

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Retrato

Poeta debutante quiere “emocionar”

En el siglo XXI algunos poetas jóvenes se explican en YouTube, pero siguen escribiendo de amor, de olvidos, miedos, soledades… Es el caso del mostoleño Roberto Zarco, que, entre las clases de Ciencias Políticas y el trabajo de fin de semana en un centro comercial, ha encontrado tiempo –e inspiración- para su debú poético, Retazos de una infancia desbocada. Su apuesta no es de fogueo: ha pagado de su bolsillo la primera edición de este poemario con el que pretende “emocionar”.

Proponemos al poeta debutante que elija su lugar “preferido” de Móstoles, para las fotos. Se decide por la plaza de la Cultura, “es un lugar muy tranquilo”, justifica, y allí guanteamos con el sol de la mañana, las sombras inoportunas y los dibujos del agua de riego en el pavimento. Luego, en el lugar habitual de skaters y otros ociosos, nos ponemos a hablar de poesía. “Escribo desde los 16, bueno si se puede considerar escribir a esos primeros churros; hago cinco o seis poesías por día y noto que he alcanzado una cierta madurez al comparar lo primero con lo que escribo ahora”. Con todo, le llevó más de un año la escritura de Retazos, un libro donde ha perfilado “experiencias, inocencias y mucha sensibilidad”. Una sensibilidad que él liga a “la bondad”, que Roberto se considera “bondadoso” a la manera machadiana, aunque Antonio no está entre sus poetas de cabecera; prefiere a contemporáneos como Luis García Montero e incluso se nutre de rimas musicales, como las del mc Pablo Hasel, cuyas letras admira.

 

Nostalgia, desencanto, frialdad

A Roberto le inspiran amores pasados “y la nostalgia”. Tiene 20 años y trasluce un cierto desencanto con su generación. “La gente joven de hoy es bastante vacía: el cariño que antes se recibía en los pueblos ya no existe, la gente es fría, distante y no ve más allá de su ombligo”. El poeta no entiende que a la mayoría de sus contemporáneos “le cueste tanto expresar sus sentimientos”; “sin embargo, si se trata de conseguir un objetivo, ahí muchos no tienen problema: pisan al de al lado sin rubor”, reprocha. A él le interesa “publicar” y se conforma “con recuperar lo invertido”, mediante ese 50 por ciento que la editorial Anubis le apoquinará del precio de cada libro vendido (en Amazon.com, Readontime.com, Lafabricadellibro.com). En sus sueños el dinero es secundario. “Mi sueño es que me respeten en la literatura, mi sueño es ganar… ¡el Nobel!”, sonríe. Y con “esfuerzo y ambición de la buena, nunca se sabe”, fantasea.

 

Fervor por la política

Roberto tiene 20 años y compatibiliza los estudios de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense con el trabajo en una tienda en Xanadú. Eligió esa carrera por la “tradición de fervor por la política” que hay en algunas ramas de su familia. Roberto ha vivido siempre en Móstoles, primero en el casco urbano y en los últimos años en Coimbra. Del centro le gusta “la Biblioteca Central” y de su barrio actual, “la plaza del zoco, lugar de reunión y charla con los amigos”.

Con fecha, minuto y hora
Roberto nos ha mandado el poema-llave del que podría ser su segundo libro. Ahí va:

Con fecha, minuto y hora
cada poema de mi
inocencia desbocada, la misma
que hacía esbozos a cada madrugada.

Con fecha minuto y hora,
las farolas preguntan irónicamente
qué fue de las calles
que dejaron de iluminar.

Con fecha, minuto y hora
interrogo a la espera
harta de esperar a la hora
de volver a empezar.

Con fecha, minuto y hora
camino por las calles,
aunque esta vez feliz
y consciente de vivir ilusionado.

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Rincón

¿The Oscars? No, ¡the Pacos!

¿The Oscars? No, ¡the Pacos!Hubo alfombra roja hasta el escenario, actrices y actores con atuendo de gala, aplausos y galardones. La versión mostoleña de los Oscars se llama The Pacos, carece de estatuillas (¡aúpa el metacrilato!) y no tiene Academy pero sí el respaldo del instituto de secundaria Miguel Hernández. Su grupo de teatro ha premiado, por segundo año, a los actores más trabajadores, a los que no faltan a los ensayos, a los más comprometidos, a los más participativos en la confección del vestuario... Entre las invitadas, la concejal de Juventud, Eva Sánchez. “And the Paco goes to…”

 

 

Cuestionarios

David Nieto, empresario

David Nieto, empresario
  • Un libro: Los secretos de la CIA al descubierto, de Robert Baer.
  • Un disco: Éxitos, de Michael Jackson.
  • Una película: El señor de los anillos, de Peter Jackson.
  • Una comida: La paella.
  • Un proyecto: Tengo muchos.
  • Un sueño: La próxima Champions,  je je je.
  • Una pesadilla: La crisis.
  • Un lugar de Móstoles: Pradillo.
  • Una afición: El fútbol.
  • Te diviertes con: Mis amigos y mi familia.
  • Una debilidad: Mi hija y mis sobrinos.
  • Un color: Azul.
  • Un olor: A jazmín.
  • ¿Qué cualidad prefieres en la gente? La sinceridad.
  • Un héroe/heroína: Zidane y el Real Madrid.

Annaïs Montero, estudiante

Annaïs Montero, estudiante
  • Un libro: La melancólica muerte del chico ostra, escrito y dibujado por Tim Burton.
  • Un disco: Categoría, de Iván Nieto.
  • Una película: Big fish, de Tim Burton.
  • Una comida: Pollo con patatas.
  • Un proyecto: Ser actriz.
  • Un sueño: Ser actriz.
  • Una pesadilla: Quedarme sola.
  • Un lugar de Móstoles: Villafontana.
  • Una afición: Cantar y bailar.
  • Te diviertes con: Amigos y novio.
  • Una debilidad: Los amigos.
  • Un color: Morado.
  • Un olor: A chocolate.
  • ¿Qué cualidad prefieres en la gente? La bondad.
  • Un héroe/heroína: Tim Burton.

Darío Gómez, estudiante y baterista

Darío Gómez, estudiante y baterista
  • Un libro: No leo, todo pasa demasiado despacio.
  • Un disco: Stabbing the drama, de Soilwork.
  • Una película: La vida es bella, de Roberto Benigni.
  • Una comida: Cualquiera que haga mi señora madre.
  • Un proyecto: Acabar el bachillerato y hacer las oposiciones para bombero.
  • Un sueño: Llegar a cumplir todas mis metas, en especial llegar a lo más alto en la música.
  • Una pesadilla: Sólo tengo sueños felices.
  • Un lugar de Móstoles: El Parque Liana.
  • Una afición: La del Atlético de Madrid.
  • Te diviertes con: Soma’s Cure, son mis amigos y los quiero.
  • Una debilidad: Mi madre, la necesito para todas las cosas.
  • Un color: El verde de mis zapatillas.
  • Un olor: El del local después de un buen día de ensayo.
  • ¿Qué cualidad prefieres en la gente? La sinceridad.
  • Un héroe/heroína: Dirk Verbeuren, batería de Soilwork.
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